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Maneras de vivir, maneras de morir

Hay tantas maneras de vivir y de morir como seres humanos han existido y existen: de forma optimista o pesimista, dejándote llevar o manejando el timón, con dignidad o con vileza, haciendo el bien o haciendo el mal, afrontando lo que te viene de cara y por derecho o poniéndote de perfil y esperando a que pase el trago, llevándote por delante todo lo que obstaculice tu camino o buscando aliados que te ayuden a recorrerlo…

En los negocios pasa lo mismo: nacen, se desarrollan y crecen o enferman y se mueren. Las más de las veces, como decía Groucho Marx, “surgiendo de la nada alcanzan las más altas cimas de la miseria”; pero, entre tanto, hay empresas que se caracterizan por dar servicios y soluciones al mercado, aportar innovaciones que mejoran y facilitan la vida de las personas, crear puestos de trabajo permanentes, y, en general, crear riqueza en los ámbitos sectoriales y geográficos donde operan.

En general, las empresas, los negocios, se articulan en torno a proyectos que se generan partiendo de una visión y se desarrollan cumpliendo una misión determinada: dar empleo al que la monta –y a su familia- , satisfacer las expectativas de un determinado segmento de consumidores y usuarios, dar respuesta a las necesidades del mercado, forrarse a cualquier precio o salvar el mundo, “que de todo hay en la viña del señor”.

No sé si van entendiendo, queridos lectores de qué va este segundo post de 2017, pero se lo  explico en este último párrafo: Va de cómo somos las personas y las empresas, va de cómo funciona el mundo y de cómo cada uno se posiciona ante los avatares de la existencia, va de cómo afrontan el día a día en el sector de ferretería y bricolaje diferentes personas y empresas, va de qué cuestiones básicas  -en mi opinión- debemos plantearnos cada día a la hora de incorporarnos a la empresas que dirigimos o en las que trabajamos y va, por último, de las decisiones que todos debemos tomar según la manera de vivir y la forma de morir o desaparecer que hayamos elegido.

Buena semana

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Cien nuevas ferreterías

Algo se mueve en el canal tradicional cuando a lo largo de 2016 se han abierto en España un centenar de nuevas ferreterías. Sí, ha leído bien, querido lector, un centenar de nuevos establecimientos de ferretería han abierto sus puertas en diferentes localidades del país: en pueblos,  en nuevos barrios urbanos, en el centro de las grandes ciudades: Madrid, Barcelona, Zaragoza…

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Navidad y ferretería: 4 preguntas imprescindibles

Inmersos en la vorágine consumista de las navidades y después de repasar un año más con estupor alguno de los catálogos promocionales de la ferretería clásica –escobillas para inodoro incluidas-, vengo a compartir este lunes decembrino mi reflexión sobre la relación entre ferretería y Navidad o viceversa, entre Navidad y ferretería.

Las preguntas son: ¿Hay relación entre ambos mundos? ¿Produce un rendimiento especial a la ferretería la época navideña? ¿Con qué criterio se abordan las ventas navideñas desde las organizaciones del sector? ¿Se viste la ferretería de Papá Noel o de Rey Mago?

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Competidores y sin embargo amigos

El pasado viernes, Javier y yo tuvimos la oportunidad de compartir mesa y mantel con un numeroso grupo de ferreteros madrileños y de provincias limítrofes en la bodeguita que Bralo tiene en sus instalaciones de Pinto. También había algunos fabricantes y agentes comerciales.

Los organizadores nos invitaron para compartir con nosotros el décimo aniversario de una convocatoria que se repite 3 o 4 veces al año y en la que se habla de todo, menos de trabajo, bueno un poco también, y en la que lo más singular es que la mayoría de los participantes compiten día a día en un mercado que no siempre es amable y apacible. Competidores y, sin embargo, amigos es como les gusta definirse.

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El mundo desde detrás del mostrador (2)

El mostrador de la ferretería se había ido convirtiendo en un confesionario donde los vecinos se quejaban de lo mal que iba todo, de lo malos que eran los políticos de este país, del fallecimiento de la señora María, la viuda del 6ª B; de la pena que suponía la eliminación del concursante tan guapo de Gran Hermano 17 y otras tantas desgracias, que a la mortecina luz de la tienda le daban a esta una imagen deprimente de mortuorio.

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El mundo desde detrás del mostrador (1)

Érase una vez un ferretero que veía el mundo desde detrás del mostrador de su tienda. Cada mañana, de lunes a sábado, desde hacía 25 años, subía la persiana de la ferretería a las nueve, la bajaba a la una y media, la volvía a subir a las cinco y la bajaba definitivamente a las ocho y media de la tarde. No estaba solo. Su mujer, su hija mediana y un empleado que llevaba con ellos desde hacía quince años, se afanaban en atender a las señoras Marías y a los señores Josés del barrio, a los que conocían perfectamente porque eran múltiples las ocasiones en las que les habían sacado de un apuro con consejos y soluciones para la cisterna que goteaba, el visillo que no corría por el riel, la grieta de la pared, la goma picada de la olla o el fluorescente parpadeante.

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Folletos de ferretería a debate

Cuando están a punto de buzonearse de forma masiva los folletos navideños de ferretería y bricolaje, editados por las diferentes organizaciones de distribución, me ha parecido buen momento para traer aquí el debate que desde hace tiempo está en cada punto de venta de socios y asociados a cooperativas, centrales de compra y cadenas de venta y que se reproduce con cada nueva campaña promocional.

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Tender puentes o dinamitarlos

Hoy que estamos en el puente de Todos los Santos se me ha ocurrido que podía ser un buen momento para hablar de la necesidad que tiene el sector de ferretería de proximidad de encontrar ámbitos de colaboración y de tender puentes entre las diferentes organizaciones para elevar el nivel general del comercio llamado tradicional.
En modo confidencial recibo múltiples comentarios en la línea de explorar y abrir áreas de colaboración entre las diferentes entidades: cooperativas, centrales de compra, grupos, cadenas, etc. Algunos me confiesan que estarían encantados de hacerlo y me dan nombres y apellidos con los que les gustaría compartir proyectos.
En el día a día, sin embargo, los movimientos de unos y otros contradicen esas buenas intenciones. Tres ejemplos: “Si me compras a mí tendrás mejor precio, mejor financiación y mejor servicio que donde estás ahora”. “Únete a nosotros, sin compromiso. Tendrás similares condiciones a nuestros socios. Y si te conviene, más adelante, veremos”. “Tú sigue donde estás pero cómprame a mí lo que te interese, sin complejos”. En mi opinión, todo esto solo sirve para chapotear en la miseria. “Me salvo yo a costa tuya” o “Yo tuerto, pero tú ciego”.
La debilidad de las organizaciones gremiales -reconociendo su buena voluntad- les incapacita para conseguir unir a las diferentes entidades incluso en lo que podríamos llamar mínimo común múltiplo: la interlocución única ante las administraciones públicas y los llamados poderes fácticos para temas como los horarios comerciales, las comisiones de las entidades financieras o las políticas fiscales y laborales.
Ni pensar en las sinergias que se podrían conseguir en ámbitos como el logístico o la digitalización del comercio, temas ambos claves a corto y medio plazo.
¿De verdad creen los protagonistas de esta historia que no merece la pena explorar posibles colaboraciones con sus iguales o parecidos y que es mejor darse leña de la buena y quitarse la migajas unos a otros?. Tender puentes y encontrar formas de colaborar y aprovechar sinergias o dinamitarlos y ¡sálvese el que pueda!, esa es la cuestión.
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Ferretería de barrio

La desaparición en los últimos años de cientos de ferreterías en el centro y en los barrios de las ciudades más grandes –Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Bilbao…- han dejado huérfanos a cientos de miles de vecinos de establecimientos de cercanía capaces de solucionar problemas cotidianos como la cisterna que no carga, el grifo que gotea, la bombilla que se funde o la persiana que no sube. Con una población cada vez más envejecida, un tiempo cada vez más escaso y presupuestos más ajustados, la ausencia de la tradicional ferretería de proximidad a la que se puede acudir andando en cinco o diez minutos es un pequeño drama.

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