El mundo desde detrás del mostrador (1)

Érase una vez un ferretero que veía el mundo desde detrás del mostrador de su tienda. Cada mañana, de lunes a sábado, desde hacía 25 años, subía la persiana de la ferretería a las nueve, la bajaba a la una y media, la volvía a subir a las cinco y la bajaba definitivamente a las ocho y media de la tarde. No estaba solo. Su mujer, su hija mediana y un empleado que llevaba con ellos desde hacía quince años, se afanaban en atender a las señoras Marías y a los señores Josés del barrio, a los que conocían perfectamente porque eran múltiples las ocasiones en las que les habían sacado de un apuro con consejos y soluciones para la cisterna que goteaba, el visillo que no corría por el riel, la grieta de la pared, la goma picada de la olla o el fluorescente parpadeante.

Desde hace ya unos años y, de forma más evidente, desde que empezó la crisis económica en 2008, nuestro ferretero comenzó a notar que cada día –muy poco a poco, es verdad- entraba menos gente en su tienda. Menos señoras Marías, menos señores Josés. Algunos se habían hecho demasiado mayores y ya no hacían la compra; otros simplemente habían fallecido. Unos pocos habían dejado el barrio para refugiarse en sus pueblos de nacimiento; otros pocos habían pasado a comprar a los chinos, porque su poder adquisitivo había disminuido. Y, por último, había descubierto que algunos de los más jóvenes se habían dejado abducir por internet y la compra ‘online’.

Desde detrás del mostrador, porque él nunca iba ni a ferias ni a congresos ni a reuniones del gremio ni a cursos de formación –no tenía tiempo para eso, no podía dejar abandonada la ferretería-, el mundo se veía cada vez más complicado. La crisis había golpeado con fuerza al barrio y a la ferretería. Las grandes superficies por un lado, los chinos por otro y, por si fuera poco, internet, componían un ejército de enemigos demasiado fuerte para un modesto ferretero de barrio.

Aunque él, su mujer, su hija y su fiel empleado hacían todo lo que podían, cada vez las ventas eran menores y los márgenes más reducidos. Había hecho todo lo posible para reducir costes: menos limpieza, menos luces, menos stock… pero las cosas iban a peor. Había congelado el sueldo del empleado –de acuerdo con él- y había decidido que su mujer y él podían subsistir con un solo sueldo. El de su hija no podía ahorrárselo porque acababa de casarse y se había metido en una hipoteca a 35 años a la que solo podía hacer frente si sumaba su sueldo al de su marido…

(Continuará)

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6 thoughts on “El mundo desde detrás del mostrador (1)

  1. Si realmente quieres dibujar una imagen fiel a la realidad, te faltan dos puntos fundamentales:
    – Precio de alquiler y compra de locales desorbitados
    – Presión fiscal insufrible

    La ferretería sigue teniendo un hueco, mermado ciertamente. Y está mermado porque cuando la venta pasa de cierta cantidad digamos 50 o 60 euros, la gente prefiere otros canales para servirse, grandes superficies y ahora internet.

    Lamentablemente el factor precio es muy importante. Por mucho que tengas presencia en las redes o una imagen corporativa moderna o estés informatizado hasta los dientes… si Amazon vende un producto al precio que tu lo compras al mayorista o el beneficio que te deja el fabricante es ridículo, simplemente no puedes competir. Te quedas fuera.

    Y como prueba de lo que digo ahí tenemos a los chinos ¿tienen presencia en las redes? NO ¿tienen una imagen corporativa? NO ¿están informatizados? mayoritariamente NO ¿reciben cursos para dar un buen asesoramiento al cliente? NO ¿dan calidad? NO …. ¿entonces que tienen? PRECIO

    Hoy la publicidad de los grandes medio de comunicación machacan constantemente con el PRECIO (“la calidad no es cara”; “yo no soy tonto” etc).

    ¿Cómo podríamos competir? Añadiendo al servicio de cercanía y asesoramiento que damos unos precios realmente competitivos ¿y cómo? bajando los precios de explotación del comercio (para mí el alquiler y los impuestos principalmente), pero ¡caramba! no dependen de mí.

    No esperemos un apoyo institucional de ningún tipo, eso es para los grandes. Por desgracia los modelos sociales cambian y el nuestro está cambiando. Internet será cada día más poderoso, de hecho es el nuevo campo de batalla de los grandes. No desapareceremos, pero nuestra presencia será poco significativa.

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