IG Nobel, cuando los investigadores se ríen de sus ideas

“Quiero a-researcher-spends-time-as-a-goat-in-a-herd-and-the-reason-would-certainly-disturb-you-12vivir como una cabra para evadirme de la angustia inherente al ser humano”. Este era el planteamiento del diseñador Thomas Thwites, y para ello diseñó unas prótesis, viajó a las montañas suizas y convivió con un rebaño de cabras durante seis días. Una experiencia que le ha proporcionado un premio IG Nobel. Estos galardones se entregan anualmente en el Teatro Sanders de la Universidad de Harvard a aquellas investigaciones científicas “que primero hacen reir y después pensar”, y son mucho más serios de lo que podría parecer. Incluso si la propia comunidad científica aprovecha esta ceremonia para, por un día, reírse de ellos mismos con un gran sentido del humor que les lleva a cantar, bailar, bromear o disfrazarse en el escenario.

Los IurlG Nobel se han entregado en muchas ocasiones a investigaciones que luego tienen aplicaciones directas en el sector cárnico en temas como tecnología de los alimentos o salud animal. Es verdad que en el caso de Thwites, quien basa tu trabajo en analizar la interacción entre la humanidad y nuevas formas de tecnología, simplemente trataba de explorar cómo la tecnología moderna puede llevarnos a cumplir un viejo sueño del ser humano como tener las características de algunos animales. Pero según sus propias declaraciones ha obtenido información muy valiosa sobre adaptación al medio, prótesis y bienestar animal.

Como digo, las aplicaciones objetivas de este experimento no quedan del todo claras aún, pero eso sucede con muchos de los trabajos premiados con los IG Nobel, que aportan grandes avances aunque, insisto, su planteamiento inicial haga reír.

Sin ir más lejos, hace tres años el IG Nobel de Nutrición fue a parar a las investigadoras del IRTA Raquel Rubio, Belén Martín, Teresa Aymerich, Margarita Garriga y Anna Jofré (que ha colaborado recientemente con la revista Cárnica publicando un artículo sobre validación del procesado de alimentos mediante nuevas tecnologías). En ese caso, recibieron el premio por descubrir que los excrementos de bebé contienen un lactobacilo muy adecuado para fermentar el fuet o salchichón.

Los investigadores son una parte esencial de la industria cárnica ya que son quienes la llevan a nuevos horizontes de sabores, texturas, salud y caducidad, pero muchas veces no les damos la importancia que merecen. E incluso sonreímos cuando escuchamos que se pasan años investigando que las cabras están mejor si hacen tal o cual cosa, o que tal o cual alimento sabe mejor o es más sano si le ponemos éste o aquel componente o aditivo.

Por eso está muy bien que esas investigaciones basadas en algo que jamás se nos ocurriría a los que simplemente nos comemos los productos también tengan su premio. Más aún, que se conviertan en toda una fiesta en las que los mejores investigadores del mundo (muchos de ellos con premios Nobel de los de verdad) se alejan de la seriedad de los laboratorios, se divierten y se ríen abiertamente de sus propias ideas. Esas que luego se convierten, tras la risa inicial, en sabor y salud para todos nosotros.

Y si creéis que exagero con eso de la fiesta y reírse de sí mismos, os invito a ver este vídeo. Podéis ir saltando aleatoriamente a lo largo del mismo. Os sorprenderéis mucho.

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