La iniciativa es lo único que te activa

Vivimos en una especie de tobogán por donde nos deslizamos demasiado rápidamente en el mundo de la empresa en estos momentos. Eso dificulta que sepamos diferenciar si lo que hacemos es lo que más valor produce para nuestra organización o si invertimos el tiempo en tareas aparentemente urgentes, pero que no son importantes.

Ante los veloces y continuos cambios del entorno, una de las reacciones más comunes es dejarse llevar y no tomar la iniciativa, quedarse bloqueado y no actuar. Y eso nos va dejando fuera del mercado, porque cada vez se nos ve y se nos nota menos.

Además, cuanto más tiempo lleva una empresa en el mercado, más acostumbrada se vuelve a la estabilidad y patrones repetidos durante bastantes años y, por lo tanto, esta es una situación nueva, desconocida, fuera de la zona de confort,  tan familiar y controlada.

La falta de iniciativa convierte a las empresas en enfermas crónicas, mientras que aquellas que realizan un continuo diagnóstico del mercado y del mundo con sus tendencias claras siempre tendrán una estrategia adecuada y actualizada.

Existe una gran diferencia en el fútbol entre pasar el balón o quitárselo de en medio y eso mismo hacen muchas empresas, balones fuera desesperadamente sin medir las consecuencias. No desarrolles tareas para quitártelas de en medio, sino para producir excelencia y calidad. Te lo reconocerán.

Lo que nos pase en cualquier negocio es consecuencia y viene provocado por nuestras decisiones. Si nada hacemos, ya estamos decidiendo, pero negativamente. La indecisión y las excesivas dudas nos van a llevar siempre por detrás en el mercado y, por eso, se hace imprescindible permanecer al día de todo lo que sucede en nuestro entorno, tanto a nivel económico, regulatorio, sectorial, social y cultural y eso exige, como es lógico, un esfuerzo extra y constante. Y es que pensar no nos hace sudar, pero exige mucho desgaste y es clave para el éxito. Exige más esfuerzo que estudiar y es agotador, pero imprescindible. Hoy día la empresa debe ser como una gacela, elegante y rápida y necesita gente que piense con fundamento, que todo el conocimiento fluya por toda la compañía.

Por otra parte, no tenemos ningún derecho moral a paralizar nuestra empresa por nuestras propias inseguridades personales. Si no estamos preparados, al menos busquemos buenos asesores y escuchemos sus propuestas para salvar nuestra marca.

Somos las personas las que tenemos que provocar que pasen cosas en las empresas y ahora esto debe hacerse con rapidez y constancia, pues el mercado cambia, los gustos de los consumidores cambian, varían las formas de comunicar, de entregar, de recomendar, de presentar, de argumentar, etc.

Por otra parte, no podemos perder la visión global para saber hacia dónde va el mundo. Las tendencias casi nunca empiezan en nuestro barrio o en nuestra ciudad, suelen venir como un meteorito, de fuera. Se ha de testear, por tanto, lo que ocurre y cómo puede impactarnos o influirnos en nuestro negocio, por pequeño que sea.

Para esto hay que salir fuera, practicar el networking, estar en asociaciones, crear relaciones, asistir a eventos para conocer otros puntos de vista, otras opiniones, leer mucho y analizar las noticias generales y del sector, etc.

Hace muchísimos años que el excelente Peter Drucker dijo que dentro de la empresa solo hay costes, los beneficios están fuera. Hace falta tener, por lo tanto, disciplina para mantenerse al día. Sin embargo, la disciplina no entra por el aire acondicionado en las empresas, es una actitud y una forma de actuar de la gente de éxito.

Una empresa donde se tiene iniciativa no envejece, su gente se mantiene en forma.

Y no olvidemos que cada vez nos cuesta más poner la máxima atención a todo lo que pasa en el mundo. A veces, lo que vemos tan lejos acaba afectando a nuestro negocio. Por eso, hay que darse cuenta de que la atención es un músculo de la mente que debemos potenciar y cuidar, es la que establece la diferencia entre aprender o solo estar.

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