Poca inversión y mucha poesía

La frase es de Jesús María Prieto, director general de BigMat, y con ella quiso dejar claro en la rueda de prensa del BigMat Day que las 12 previstas aperturas del formato city, para este año, estarían más determinadas por la pujanza e ilusión de los socios que por las inversiones que puede realizar la central. Como 5 minutos después me encuentro con los proveedores ferreteros que exponen y, un año más, vuelven a quejarse de los altos precios de los stands -4.800 euros + IVA el módulo básico- he querido reflexionar sobre la oportunidad de que las ferias privadas ganen o no dinero y sobre este modelo en concreto que acoge el otrora Madrid Arena en los últimos ejercicios.

En el sector de ferretería y bricolaje, todas las ferias se miran en un modelo tan complejo de emular como el de Cadena 88. Este año, si cabe, más. Impecable organización, alta participación de los socios, volumen de ventas disparado durante el evento…. No quiero quedarme con una comparación tan simplona y ventajista. Son colectivos muy diferentes y los catalanes cuentan ya con 17 años de experiencia. Como este año el BigMat Day ha caído más cerca en el calendario de la feria de Ehlis el contraste puede ser más evidente.

Sobre el objetivo de estos eventos quiero creer que ninguno de ellos debe ser rentable en sí mismo para los organizadores. El propósito no debe ser otro que maximizar las relaciones entre los proveedores de productos y los socios que se encargan de hacerlos llegar al consumidor. Una mirada cortoplacista puede lastrar estos encuentros.

Sobre si es cara o no es inútil debatir; cada cual hace sus cuentas anuales para con el grupo y sabe si compensa o no acudir al evento.

Quiero romper una lanza por BigMat por su decidida apuesta por la ferretería y el bricolaje y por un grupo de socios, los dueños de la barraca, que, día a día, ganan en cohesión y fuerza de cara al mercado venidero. Me cuentan de la práctica imposibilidad de comprar por fuera de la central y ahí sí que dejan en mal lugar a nuestras cooperativas ferreteras.

Como colofón voy a poner sobre la mesa alguna quejas en forma de preguntas que parecen sensatas y nos traslada el expositor.

¿De qué sirve registrarse previamente si luego hay que hacer una cola de 30 minutos en la entrada?¿Cuál es el objetivo de la pulserita si la identificación sobre el pecho es la que lleva el código de barras?¿No debe involucrarse más BigMat en la asistencia de sus socios al evento?¿No parece excesivo cobrar 60 euros más por cada persona en el stand que exceda de 3 cuando se ha pagado tan generosamente por el metro cuadrado?

A nivel personal quiero decir que me gusta el recinto; que ésta es la única feria en la que los guardias de seguridad sonríen más que las azafatas;  y que el catering no mejora y, desde luego, no nos sirve como recomendación gastronómica del mes. Mejor visitar los magníficos mosaicos de la Villa Romana de la Olmeda y comer en el Asador Cantina Sofía.

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