Consumidores malcriados o el nuevo infierno de Dante

Consentidos, mimados, malacostumbrados… amén de bombardeados con mensajes de todo tipo. Así es como últimamente nos tiene a los consumidores la casta formada por las grandes empresas que dominan el cotarro y el ritmo del consumo. A los pequeños comerciantes, como no puede ser otra, solo les toca seguir el ritmo que marcan estos modernos flautistas de Hamelín, que disponen para hacerse oír de instrumentos con amplificadores más sonoros y poderosos.

Solo hay que repasar las campañas montadas en las últimas semanas. Comenzó con el festival del Black Friday (que dura el Friday, el Saturday, el Sunday y lo que haga falta); seguido de un Cibermonday, a las pocas horas; los que vivimos en la ciudad condal, para culminar el festín de provocación al consumo, el jueves de la misma semana un Open Night o noche de tiendas abiertas, con sus correspondientes rebajas y ofertas.

No olvidemos que ya entra la campaña de Navidad y que al finalizar la misma, sin solución de continuidad, empezarán las rebajas, las de toda la vida, ahora devaluadas con tanto bailoteo previo, que ha dejado al consumidor con la cartera flácida.

A este ritmo, nos acercamos a la fórmula 24/7/365. 24 horas, 7 días a la semana, todos los días del año. Siempre enchufados, siempre conectados, siempre atentos para no perder comba.

Estamos gestando al consumidor definitivamente malcriado, si es que no lo está ya, generado por la catarata extensiva e intensiva de mensajes, productos y ofertas, de cualquier cosa, tema o lugar, no importa si verdaderas o falsas… pasen y vean… entren en el exuberante circo mundial del consumismo.

Como uno no sea capaz de discriminar entre este imparable acoso, puede caer en un infierno, tan o más horrible como los que Dante imaginó.

En este nuevo círculo infernal se verá al ‘homo digitalis’, estresado y enfebrecido por la lluvia constante de ofertas y mensajes, promociones y promesas, publicidad y comunicados en redes sociales… Quien quiere saberlo todo, pero no da abasto. Ya no es capaz de discriminar ni seleccionar ni comparar y ve cómo se le escapan uno tras otro los chollos deseados, bien porque duran muy poco rato o porque otro de los muchos condenados como él ha estado más atento y le ha arrebatado la mejor oferta. Y sufre como lo que es, como un condenado a estar pendiente del próximo mensaje.

Sufre también cuando después de horas de consulta y lucha, a la hora de ir a pagar, en su cuenta ve que ya no le queda con qué pagar… o lo que es peor, la conexión se cortará justo antes de pulsar ‘aceptar pago’ y perderá la operación. ¡Maldita sea mi suerte!

Una condena tal vez merecida para este consumidor malcriado que tan solo vive pendiente de internet y que ha olvidado comprar en su tienda de proximidad, en la que hay que convivir con otros vecinos y, tal vez, saludar… y ha perdido el hábito.

La cuestión es ¿y quién paga la fiesta? ¿Quién finanza estos dispendios casi diarios? No hay cuenta de resultados que aguante tanto trote. Una promoción del 10 % es un hazmerreír, la gente se la toma a chufla.

Esto ya va cogiendo tintes de botellón, con marcha (publicidad) y estimulantes (promociones) a todo meter. Esto acabará como acabó la ruta del bacalao, controlada por la guardia civil… o por hacienda.

Por cierto, la ruta del bacalao y su insoportable música máquina debería figurar como un castigo adicional en este nuevo infierno de Dante. Oírla obligatoriamente mientras uno transacciona febrilmente con su móvil, tableta o portátil… un empujón más hacia el desquicie, la sinrazón, el caos.

Luces, vocerío… tormenta de ofertas todas ellas estrella, sin parar una tras otra. Y, de fondo, ‘tunda tunda tunda tunda’, volumen a toda castaña… No puedo imaginar un infierno peor.

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *