¡Hogar, dulce hogar!

Mi primer trabajo fue en el departamento de estudios de mercado de una gran multinacional. Lo primero que aprendí es que para que los resultados de una encuesta fueran consistentes, había que realizar un tipo de preguntas neutrales, no sugeridas, para evitar darle la respuesta prácticamente hecha al entrevistado. Es decir, no plantear preguntas sesgadas.

Había que evitar, pues, preguntas del tipo: ¿Le parecería bien que todos los políticos fueran honestos? ¿Está a favor o en contra de las guerras? ¿Le gustaría que el precio del pan bajase? U otras tal que así.

Viene esto al caso de la reciente encuesta publicada sobre el grado de satisfacción de los españoles con su vivienda, que ha dado como resultado que el 92 % está altamente satisfecho con su casa.

No conozco la pregunta en concreto que dio lugar a este abultado resultado (especialmente cuando uno ve el penoso estado de la mayoría de pisos que pueden verse en las páginas web de cualquier inmobiliaria). Decía que no creo equivocarme demasiado si presumo que la pregunta fue algo como:

-¿De esta escala que le presento, cuál diría que es el grado de satisfacción que tiene usted respecto a su vivienda actual?

a) Altamente satisfecho.

b) Bastante satisfecho.

c) Poco satisfecho.

d) Nada satisfecho.

Preguntarle a uno sobre su casa es una pregunta íntima, porque se pregunta sobre su situación personal. De hecho, hay múltiples canciones que proponen el hogar propio como el máximo ideal donde vivir, desde la Casita en Canadá, My sweet home Alabama, o Vuelve a casa por Navidad de El Almendro, por mencionar a bote pronto algunas conocidas loas.

Cuestionar sobre qué te parece tu hogar es más o menos como preguntar sobre la pareja o la vida sexual. Contestando cualquiera de las dos últimas opciones, poco satisfecho o nada satisfecho, te autocalificas  automáticamente como un pringadillo, con lo cual todo encuestado las evita.

La guinda viene cuando la encuesta afirma que el 44 % vive en el hogar ideal. Aquí sí hay una dosis importante de realismo mágico. Ante la que está cayendo a nivel económico y social y la que puede avecinarse, predomina la tendencia al pensamiento conservador tipo ‘virgencita, que me quede como estoy’, más que aspirar a nuevos y mejores hogares, que se presumen, tal vez, inalcanzables.

Curiosamente, las zonas donde hay mayor grado de satisfacción son las más cálidas y turísticas, donde por tradición y clima, la vida se vive mucho más en la calle que en casa. En fin.

Por sostenibilidad, que resulta tan importante en la encuesta, a mí todavía no me viene nada o casi nada. A ver si más adelante, cuando esté lo básico cubierto, entonces igual sí empezamos a darnos minutos de calidad, en que la sostenibilidad participe realmente en el juego. Por el momento me parece más bien postureo para quedar bien al contestar.

Ojo con tomar según qué tipo de decisiones con los datos obtenidos y, sobre todo, de la lectura que se hace de sus conclusiones, que las encuestas, al igual que los referéndums, las carga el diablo.

Mal elaboradas y mal interpretadas, las encuestas pueden generar severos daños, que habrá que reparar precisándose algo más que un poco de bricolaje… y ya sabemos que el bricolaje no es precisamente nuestra mayor habilidad, al menos, la mía.

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