Ganga Style

Hace no mucho tiempo un coreano, del Sur por supuesto, se hizo de oro con una canción pegadiza, acompañado de unos brincos como de ir a caballito, con una canción cuya letra, decía algo como…

El estilo Ganga
Es hermosa, adorable
Sí tú, hey, sí tú, hey
Es hermosa, adorable
Sí tú, hey, sí tú, hey
Ahora vamos con la Ganga hasta el final 

El estilo ganga ha vuelto, para quedarse y liderar. Ahora todo el mundo, sea cual sea su pelaje, no deja de buscar la ganga, aunque esta te lleve al Sahara en agosto, o a comprar un bidón de 5 kilos de Nutella siendo diabético y viviendo solo.

Y es que el eslogan ‘porque yo no soy tonto’ ha hecho mucho daño. Tú, antes, para hacer una compra, con un par de referencias de amigos o consultando someramente Internet, ibas y comprabas, tan feliz. Pero ahora, si no compras al precio mejor del mercado, es que eres tonto.

En consecuencia, ya no hay ni inadvertidos o no avisados. Todo el mundo busca no ser tachado de tonto, básicamente ante el entorno. Uno suele ser indulgente con uno mismo y, más que tonto, uno argumenta que no se fija mucho… pero que te llame tonto por comprar caro el cuñado o la parienta, eso sí que jode.

Decía que esta alerta general, acompañado de la liberación de horarios comerciales y de cuándo hacer rebajas, de la proliferación de outlets, de los Black Fridays, de la adicción al mundo digital, redes, apps, webs, avisos, alarmas, que nos indican al minuto las mejores promociones y ofertas, a cambio de dar tus datos personales, ha alterado la mentalidad del consumidor que, posiblemente trastornado por tanta información evanescente que confluye en su sesera, ha llegado a decir, en el reciente estudio de Accenture, lo siguiente sobre sus intenciones de compra para la próxima Navidad:

– “Quiero comprar más, pero gastar menos” 

– “No me importa dar mis datos personales, si con ello consigo mejores ofertas”

– “Los precios marcados solo son una indicación, busco y busco hasta encontrar el mejor  precio”  

Afectado por esta fiebre, así me decía un conocido:

-Estoy encantado Alberto, he comprado un taladro en el Medoy Postín de Mataró, 8 euros más barato que en Amazon, 6 menos que en la ferretería de abajo y 4 menos que en Picor .

-Pero si tú vives en Gracia, en Barcelona.

-Sí, me ha llevado un tiempo comparar todos los precios por Internet, decidirlo, coger el coche e ir, además en sábado que hubo un poco de cola en la autopista, pero ¡soy muy feliz! Ahora nadie puede decirme que soy tonto.

-¡Hombre! Muy a cuenta no te ha salido.                                                   

Molesto por mi falta de entusiasmo ante sus logros, acabó diciéndome que el tonto era yo por no estar con los tiempos, que tiro el dinero, que todo el mundo hace lo que él, y se fue tan pancho.

Veo que, a parte de los históricos tontos de baba, tontos del culo y otros especímenes, ahora habrá que añadir al tonto omnicanal o tonto digital… que aparte de tonto, suele ser además muy pesado, porque no deja de incordiar mandando y rebotando mensajes de todo tipo, chistes, ofertas, opiniones políticas y otras delicatessen, todo ello totalmente prescindible… como él mismo. Así que… zasss… borrado de mi lista de contactos.

A este paso, me voy a quedar solo con mi guardia pretoriana… un grupillo de indocumentados como yo, pero eso sí, gozando de un espacio libre de tontos.

Ningún mensaje, nada que comparar… ¡Qué paz , esto es la gloria!

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3 thoughts on “Ganga Style

  1. Magnífico post. ¡Viva la guardia pretoriana!. Hay que comenzar a pensar, cuando el vaso de la información está desbordado, si no es mejor tirarlo por la cañería y comenzar a destilar de nuevo. Los problemas de la sobreinformación.

  2. Muy buen artículo,
    Es cierto que hay personas que sólo valoran el precio y es de respetar aunque no lo comparto, para mi es más importante valorar aspectos como:
    1.- Punto de venta : Atención al cliente, proximidad
    2.- Origen del producto y el Made in Spain
    3.- La marca y los valores de la empresa que lo ha fabricado.
    4.- Valores medioambientales y comprar productos ecológicos sin perfumes añadidos.

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