Viajes de segunda mano

Se acerca el otoño, y aún recuerdo el comienzo de estas últimas vacaciones con ilusión. Antes de salir de viaje había pasado por el taller de barrio por el mantenimiento responsable del coche. Cambio de aceite, filtros, batería, luces y limpiaparabrisas para tener garantías además de contribuir a la tarta veraniega del negocio mecánico. La buena noticia fue que no tenía que sustituir el neumático y podía alargar un poquito sus últimos kilómetros.
Pero creerme que no ha sido sencillo librarme de la multitud de ofertas visibles desde la calzada. La rueda de segunda mano no solo no nos ha abandonada sino que se multiplica cual espora. De Lugo a Cádiz asoman sus agresivas gangas por doquier. ¡Atención al solsticio! que son buenas fechas para seducirnos con el caucho seminuevo.
Recordaba las amenazas que pueden ocasionar, pérdida de control, deformaciones invisibles, disminución de presión, desgaste irregular, falta de adherencia… Pero en algún momento de hastío me he visto tentado de adquirir goma maltrecha y probar como profesional si había embuste en la ganga. Podemos y debemos cargar con cierto compromiso ecológico para alargar la vida del neumático – y también su residuo-, pero me decidí a visitar alguno de estos establecimientos disfrazado a lo Sam Spade. Y comprobé in situ que entre la legalidad y la legitimidad hay más de 1,6 milímetros.
Confirmo que tenemos que convivir con el neumático de saldo, la goma usada sin ningún control, y con sus precios más bajos aún que la fabricación/importación china. Se acrecientan estos viajes de segunda mano, a pesar de que este verano la DGT lanzó una campaña de vigilancia para el mantenimiento del vehículo con especial atención a las ruedas, y mientras… su directora María Seguí dimitía por mangonear.
Definitivamente os desvelo que durante estos calores no he sustituido los neumáticos, y acabé por resguardarme de cualquier seducción fatal viendo JJOO en la salita de la tele refrescándome con los records de Phelps.

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